Dice la tradición
que el día 2 de enero del año
40 de nuestra era, vino la Virgen María
en carne mortal a Zaragoza, para reconfortar
al apóstol Santiago y entregarle un
Pilar sobre el que edificará su iglesia,
en presencia de sus siete discípulos,
llamados “Varones Apostólicos”,
siendo éstos los siguientes:
Indalecio, Eufrasio, Tesifonte, Torcuato,
Hesiquio, Cecilio y Segundo. Esta misma tradición
sitúa el lugar de nacimiento de San
Indalecio, el primero y principal de los
siete, en Caspe; el Papa Clemente VIII lo
reconoció como mártir el 11
de mayo de 1596, su cuerpo que había
sido localizado en Almería, fue trasladado
al monasterio de San Juan de la Peña
el día 28 de marzo de 1084 y sus reliquias
se distribuyeron por toda España.
Que era natural de Caspe, nacido en el cantón
de la Infanzonía, y que sus padres
aunque gentiles eran labradores bien acomodados
lo confirma en primer lugar, dice Valimaña,
un escrito antiquísimo en pergamino
que existe en la catedral de Tortosa. |