Una reflexión en torno al papel de las mujeres en el medio rural. Cada 15 de octubre conmemoramos el Día Internacional de las Mujeres Rurales, proclamado por las Naciones Unidas (ONU) para empoderar y reconocer su esencial contribución al desarrollo sostenible, la seguridad alimentaria, la erradicación de la pobreza y el progreso de las comunidades rurales.
Este reconocimiento debe traducirse en medidas en favor de la autonomía económica de las mujeres rurales, ya sean trabajadoras por cuenta propia o asalariadas y para garantizar su acceso a los servicios públicos, su participación en las decisiones y unas condiciones de vida y trabajo dignas.
La conmemoración adquiere una especial relevancia en 2026, declarado Año Internacional de la Agricultora, una iniciativa impulsada por la FAO que pone el foco en la contribución de las mujeres a la agricultura y a los sistemas agroalimentarios y que invita a reforzar las políticas públicas dirigidas a eliminar las desigualdades que todavía persisten en el medio rural.
Las mujeres rurales desempeñan un papel imprescindible en el desarrollo económico, social, cultural y ambiental de nuestros municipios. Su aportación trasciende el ámbito agrario: son agricultoras, ganaderas, empresarias, profesionales, trabajadoras autónomas, comerciantes, artesanas, cuidadoras, investigadoras, docentes, representantes públicas y agentes fundamentales para la cohesión social y territorial.
La igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en el medio rural constituye, además, un elemento esencial para avanzar en el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible
Son ellas quienes mantienen vivos nuestros pueblos, agentes clave en la transición ecológica, en la innovación agroalimentaria, en el emprendimiento local y en la sostenibilidad de los territorios.
Las entidades locales, como administración más cercana a la ciudadanía, desempeñan un papel esencial para garantizar la igualdad de oportunidades en el medio rural. Desde la proximidad impulsan políticas públicas adaptadas a la realidad de cada territorio, favorecen la participación de las mujeres, fortalecen la cohesión social y contribuyen a que puedan desarrollar libremente sus proyectos personales y profesionales allí donde decidan vivir.
La igualdad efectiva entre mujeres y hombres constituye una condición indispensable para afrontar el reto demográfico, fortalecer la cohesión territorial y construir municipios más dinámicos, inclusivos y sostenibles.




